Hoy tengo un día raro.
No voy a decir porqué llevo tanto tiempo sin escribir por aquí, sólo que, no sabía que poner, cuando sabía qué poner, no sabía cómo hacerlo, y cuando sabía cómo hacerlo, sencillamente tenía otras cosas que hacer. Es sencillo, pero ahora me apetece escribir.
Debería estar estudiando, eso es lo que estaba haciendo hasta hace media hora, algo así. El tiempo y yo no nos llevamos bien, sobre todo desde que se acabó la pila de mi último reloj y eso conllevó a que ninguno haya cubierto mi muñeca desde entonces (puede que 3 años). Una tradición perdida, por pereza seguramente, o quizá por no querer saber cuánto dedico a perder el tiempo.
Estos últimos días, mientras estudiaba, ponía la lista de reproducción de música aleatoria y me dejaba llevar por infinidad de notas y las aburridas, aunque al mismo tiempo importantes, aportaciones de la organización escolar. He perdido la cuenta de cuantos grupos, bandas sonoras o solistas he escuchado, pero lo que no ha pasado desapercibido, es el ritmo de viejas glorias sepultadas por los gigas de nuevo material musical.
Ahora, con Yann Tiersen de fondo, mis manos han dejado de resumir temas para empezar a escribir esto, aunque antes he disfrutado de un rato de inacción total, sólo notas inundando mi dormitorio, mi cabeza, y todo lo que pululaba dentro de esta. Hacía tiempo que no me dejaba llevar de este modo, la vida adulta, demasiadas cosas para tan poco tiempo, pero hay algunas costumbres que no deben olvidarse jamás. Esta es una de ellas.
Es increíble como los momentos más aburridos se pueden convertir en los más maravillosos haciendo esto. Es sencillo, bajas el volumen del entorno, dejando únicamente ciertos retazos de un ambiente tranquilo, sin voces, sin el sonido del claxon o los coches pasando por tu lado. Reduces el mundo, convirtiéndolo en pequeños sonidos producto de la naturaleza, la que no habla, pero canta. Entonces, una vez hecho esto, da igual que tengas los ojos abiertos, pues tu mente trabaja libre de la atadura terrenal y social, divagando por todos esos pequeños mundos que se han ido forjando con los años. Eso es lo que ves.
En esos momentos veo muchas cosas. Hace un rato, con Yann Tiersen, veía un sombrero perdido en un viejo restaurante japonés donde, allá por el año 85, se reunieron dos escritores en una entrevista, para divagar y crear, años después, uno de los mejores libros que he leído. El sombrero pertenecía a Gaiman, quien por aquel entonces prefería llevar sombreros, esperando que algún día le sentasen bien, antes que su ahora vieja chaqueta de cuero.
Pratchet no sabe qué pasaría si alguien encuentra y se pone ese sombrero. Quizá le siente bien, o no. Es al más puro estilo Bogart, sólo que en esos momentos lo llevaba un periodista freelance que hacía sus primeros pinitos (pinazos más bien) como escritor.
Eso me gustaría ser, escritor. He querido ser muchas cosas. Hubo un tiempo en el que estaba destinado a ser arqueólogo, aún tengo el diseño (mental) de un parque de atracciones sobre el tema. Luego pasé por querer ser cocinero, militar, informático, psicólogo, o incluso trotamundos. Pero ahora voy para profesor.
El tiempo está loco, el mundo cambia y nunca sabes donde irás a parar. Cada día surgen nuevos proyectos, más y más sueños, y ninguno parece más real que el anterior. Por eso, aunque lo veo algo difícil, lo de escritor mola.
Y quiero el sombrero perdido en ese viejo restaurante de sushi. A falta de una musa que me inspire, a lo mejor su raída tela gris termina por darme alguna idea.
Es una jodienda no poder ser escritor sólo con quererlo, o incluso sólo con escribir. Sería lo suyo, pero como siempre, todo se complica cuando das con la clave de la sencillez. Muchos dirán, para ser pintor, solo necesitas pintar, o para ser músico, sólo tienes que hacer música. En realidad es así, pero esos serían “pintores”, “músicos” y “escritores”, no ESCRITORES, MÚSICOS O PINTORES. Y ahí está la cuestión. Como llegar a ser ESO y no lo “otro”.
Hay muchos “otros”.
Delirios aparte, seguiré disfrutando de las palabras y las creaciones absurdas de mi mente. Eso es primordial, ahora sólo queda terminar el camino y llegar al punto de convertir las imágenes en palabras con sentido (o no, depende de la idea y su peculiar naturaleza). No obstante, 6 insensatos recibirán pronto algunas de esas “con-sentido/sin-sentido” ideas, aún desdibujadas, trazadas en un DCeniano universo.
Aún con eso, ahora el profesor prima sobre el escritor, y de nuevo la organización de centros me grita su advenimiento del 2 de Septiembre. Así que, sin más dilación, marchome a seguir con el tecleteo febril y aburrido producto del estudio.
En breve, “Pescadores Espaciales” (si llego a terminarlo), sino pues más tarde. Lo mismo con una nueva entrada, la cual espero sea en breve, pero quién sabe… lo mismo vuelven a pasar 11 meses.
