miércoles, 27 de agosto de 2008

The beginning

Lo único que veía era el blanco, el inmaculado tono de la nieve cayendo sobre mí descendiendo del enorme manto manchado de estrellas al que llamamos cielo. Maldita sea la nieve y la oscura carretera de pueblo que nos aguardaba hasta la ciudad. Ni luces, ni coches... nada, sólo yo, el coche...

...y Charlene...

Mi corazón da un vuelco cuando recuerdo su nombre, que iba junto a mí... y la culpa invade cada fibra de mi cuerpo por ser yo quien iba al volante. El sueño debió llegar antes de lo que esperaba, como siempre suele hacer. De pronto, sin avisar... pero este no era un buen momento para contemplar las tan típicas fantasías que bordan mis sueños.

A mi mente viene el accidente como si fuese una película de cine mudo en blanco y negro, en el color de los recuerdos pasados. El choque fue muy duro. Hubo un silencio que no era silencio, el motor se cortó, pero se oía un zumbido debajo del capó... y la cinta seguía sonando.

Cada día” - cantaba - “Se va acercando rápido como una montaña rusa...”

No había muerto, eso estaba claro. Mis ojos vuelven al presente, busco el coche, pero no hay suerte. Debió quedar muy atrás, en alguna parte que mi mente es incapaz de recordar. La respiración de Charlene a mi lado me da fuerzas, aún sigue viva. Debo volver a la carretera y buscar ayuda...

La tomo en brazos, pesa más de lo que querría, pero no es momento para delicadezas. Camino, sin noción del tiempo ni del espacio... nada. Sólo sé que ando todo cuanto mis piernas me permiten hasta caer rendido, dejando el cuerpo sobre la nieve tan suavemente como puedo.

  • Eh, chico. Eh... sentarse en la nieve no es lo más inteligente que podrías hacer dadas las circunstancias.

  • ¿Quién?... - mi voz surge áspera, como el papel de lija sin estrenar. Miro a cada lado, y no hay más que nieve y estrellas... - ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?

  • ¿Dónde?

  • Aquí.

  • ¿Aparte de mí? Bueno, estoy aquí, al menos es lo que digo. Y al contrario, si no estuviera, no habría dicho nada.

Miro alrededor una vez más, pero no hay nadie, nada... sólo Charlene, yo y un infinito de nieve y estrellas. Debo estar volviéndome loco...

  • Necesitas ayuda, chico. Esta jovencita y tú. Eso rojo es sangre, debería estar dentro. Mala señal si no lo hace. Hm... ahí arriba está la posada. Pero debes estar seguro de que está, porque si no lo estás, sólo verás luciérnagas y árboles. Por ahí, nada más, arriba.

  • No puedo ni levantarla ni moverme ni levantarme.

  • Ah bueno, encantado de ayudar, chico.

Y entonces, cuando la voz desapareció, un fuerte dolor, como si me clavaran agujas en el pantalón me levantó. Un animalito se escurrió entre la nieve... un erizo...

Recogí a Charlene y continué, descubriendo una vez más que la nieve cambia completamente el paisaje. No podía ni encontrar la interestatal, pero encontré un camino de campo... y al final del camino, vi la luz.

  • ¿Luciérnagas?

Fue un instante en el que mi vista pareció cansada, pero de pronto los arboles y las luces de los bichos cambiaron para tornarse claras y mostrar la enorme casa de madera. Sólo un cartel junto a las sombras del interior llamó mi atención, aunque no demasiada.

Worlds' end – a free house”, junto con la imagen de la casa a lomos de un acantilado.

En cuanto pude abrir la puerta, del interior sólo surgieron voces, todas diferentes, algunas en un idioma en el que en primera instancia no pude entender más que meros sonidos, insignificantes, distantes y extraños, pero poco a poco todas fueron formándose, uniéndose y creando el idioma común.

  • ¿Quién es el siguiente?

  • Ah, oí una historia en Abdera, sobre un espejo hambriento de bronce batido.

  • ¿Esa antigualla? Puedes mejorarlo, Menton.

  • Muy bien...

Cuando se percataron de mi presencia, todos se detuvieron y giraron hacia mí. No había ningún rostro conocido, todos salvo excepciones eran seres sacados del más fantástico de los sueños. Sin embargo, todos parecían preocupados al vernos. No puedo asegurar que pasó a continuación, sólo sé que pedí ayuda para Charlene y un hombre con cuerpo de caballo y larga barba gris se acercó hasta nosotros.

Estaba nervioso, alterado e incluso mareado por el esfuerzo y lo absurdo de la bienvenida. Recuerdo que di un trago, un sorbo de una taza caliente... y todo se volvió oscuro, cálido y...

...cómodo...

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Con esto pretendía hacer algo parecido a una breve introducción que mostrase en cierta medida como se llega a la posada de la que ha recibido el nombre este rincón. Aún así, quedan muchas cosas por desvelar de ella y prefiero narrarlas abiertamente sin introducirlas por medio de una historia, se haría demasiado largo y en ocasiones tanta letra y palabra junta puede resultar pesada sino se utiliza de forma adecuada. Así que prefiero ser cauto y no estropear el principio de este nuevo lugar en el que pretendo estar más tiempo del que he podido en todos los demás. Aunque quizás ya lo haya hecho.

Como diría la posadera del lugar, no se puede llegar hasta la Posada del Fin de los mundos. La suerte lleva hasta ella, o quizá el Destino, pero sólo Él es capaz de decirlo a ciencia cierta cuando pase la página del enorme libro encadenado que lleva siempre consigo.

Cuando ocurre algo grande, una tormenta de realidad, por ejemplo, la suerte puede llevarte hasta éste lugar. Es un refugio para los habitantes de los mundos reales, un lugar que no se encuentra en ninguna parte y que se domina y rige únicamente por sí mismo. No entiende de física, ni ciencia, ni realidad. Sólo está, o no puede estar. Puedes verla en un momento como una pequeña posada y al siguiente instante transformada en el más grande de los salones porque se ha quedado chica para tantos viajeros.

Nada es inmutable en la Posada del Fin de los Mundos, nada salvo las historias.

Es la más antigua de las tradiciones, todos los viajeros tienen una historia que contar y su momento para hacerlo si es que lo desean. Y eso precisamente es lo que pretendo hacer aquí. Se contarán historias, de cualquier tipo. Aunque no sólo será eso, pero es lo que me llevó a elegir este nombre y con el que invito a cada uno de los viajeros que visiten el lugar a que cuando quieran cuenten su historia. Sea cual sea, real o imaginaria, inventada o escuchada... lo que sea.

Aparte de esto, como en toda buena posada que se precie, aquí tendrán cabida todo tema tratable, desde algo interesante visto en cualquier lugar, hasta el más pequeño o insignificante detalle del más corto de los libros. Así que, con total esperanza de que este sitio dure más que el resto de lugares que he creado, espero que os guste. Hasta más ver.


3 comentarios:

Víctor Teruel Sánchez dijo...

FElicidades por tu nueva posada tío! vaya pedazo de introducción... ¡y yo creía que escribía mucho! xD

Kobayashi dijo...

Yeah tio! Al fin de nuevo en marcha! Una introduccion genial!

No me perdere ninguna entrada de esta posada.

Caci dijo...

Por fin comento, que parece que no lo leo pero si lo leo xD Espero que te vaya bien en esta nueva andadura por la interné. Igual vuelvo a blogger también, es un poco más sobrio pero como dices tú tiene más posibilidades de personalización. -nos vemos